miércoles, 14 de octubre de 2009

COMO AFECTA A LOS HIJOS EL DIVORCIO



A primera vista no se distinguen de los niños de familias intactas. Se visten con los mismos pantalones de mezclilla, sonríen con los mismos frenos y escuchan durante horas a OV7 o a los Backstreet Boys. Sin embargo, aunque el divorcio se ve cada vez menos como estigma, pasan por una serie de vivencias dolorosas que a menudo los hacen diferentes.



El divorcio es cada vez más común en México. En 2000 había al menos 1.1 millones de menores de edad cuyos padres se habían divorciado o separado. Y el doctor Adolfo López Uriarte, socio fundador del Instituto de Estudios de la Pareja, afirma: "El divorcio es una de las experiencias más traumáticas que puede vivir un niño".



Pese a ser hoy una gran realidad, a pocos niños se les prepara para afrontarlo. Incluso cuando la noticia se les da con tacto, su reacción, aseguran los expertos, es casi siempre la misma: conmoción, seguida por depresión, negación, enojo, pérdida de autoestima y, en particular entre los preadolescentes, la sensación de que hasta cierto punto son responsables de lo ocurrido.



Inclusive los pequeños de entre dos y cuatro años se sienten culpables, y no es raro que den marcha atrás en su desarrollo, volviéndose más dependientes: mojan nuevamente la cama, piden que les den de comer en la boca.



Los de entre seis y ocho también asumen con frecuencia la culpa de la ruptura y, encima, temen que sus padres los abandonen o dejen de quererlos. "Ya tienen conciencia clara de lo que significa la separación, y muchas veces se sienten sumamente frustrados porque no consiguen evitarla o revertirla", señala el doctor Alonso Cantú Lozano, director de la clínica de niños y adolescentes de la Asociación Regiomontana de Psicoanálisis. Según muchos expertos, se trata de una de las etapas más críticas para los hijos de padres divorciados, y donde hay más pequeños afectados.



Algunos niños, en especial los varones cuyo papá se ha ido, tratan de reemplazarlo. Se tornan protectores con la familia. Un niño de ocho años, el día en que su padre se marchó, anunció que a partir de entonces iba a dormir con su madre para cuidarla.



Entre los 9 y 12 años el sentimiento más característico es el enojo hacia uno de los padres, generalmente con el que se quedan a vivir. éste suele perder valor a sus ojos por su supuesta incapacidad para retener al cónyuge, explica María Teresa Sáenz Chapa, coordinadora de la clínica del Instituto de la Familia. Una pequeña de diez años, sumamente molesta, increpó cierto día a la mamá: "¡Tú tienes la culpa de que mi papá se haya ido!"



La problemática de los adolescentes es distinta. A ellos, más que el sentimiento de culpa, los aflige un dilema de lealtad. "Los padres los ponen entre la espada y la pared", explica la psicóloga Margarita Hernández Hemken. "Mi mamá quería que me fuera con ella", cuenta una muchacha de 14 años. "Pero mi papá me dijo: "Si te vas con ella, no me vuelves a ver. Yo no quiero una hija de sábados y domingos'. A cada rato decía que mi mamá había tenido la culpa del divorcio".


También el sexo del niño determina la forma en que repercute el divorcio. De acuerdo con Lilia Araceli Flores Ruiz, profesora de la Facultad de Ciencias de la Conducta, de la Universidad Autónoma del Estado de México, de entre los hijos de padres divorciados, los varones son los más perjudicados. "Como se espera más entereza de ellos y se piensa que pueden salir adelante solos, reciben menos atención y exteriorizan menos sus emociones", dice.



Los adultos propician esta conducta, agrega Hernández Hemken. "Les dicen: "Ahora tú eres el hombre de la casa', sin darse cuenta de que son unas criaturas".



Independientemente del sexo y la edad, los hijos desean siempre, a veces con verdadera obsesión, reunir de nuevo a sus padres. Un niño de siete años se fue abajo en sus estudios a raíz del divorcio. Como los profesores citaban a la escuela únicamente a la mamá, pidió que llamaran también al padre. Quería que fueran los dos al mismo tiempo y se contentaran.



Pocos se toman la molestia de comunicar a sus hijos qué ocurre y por qué, advierte el doctor Mario Souza y Machorro, uno de los pioneros en el estudio de este tema en México. Ellos acaban imaginando, pero lo que imaginan rara vez coincide con la realidad. Una pequeña de siete años, al ver que su padre estaba haciendo la maleta, supuso que se iba de viaje. Al otro día preguntó por él, y su madre le dijo que ya no iba a regresar. "Sentí bien feo", refiere la niña.



Resulta complicado y confuso acostumbrarse a vivir entre dos hogares, con un padre en cada uno. El costo del juicio y el mantenimiento de dos casas suele mermar considerablemente el nivel de vida. Tras el divorcio, una mujer y sus dos hijos --uno de nueve años, y otro de diez-- tuvieron que mudarse a casa de los abuelos. Ella y uno de los chicos duermen en un cuarto, y el otro, en el comedor, transformado en recámara. Muchos de estos niños pierden de golpe, además de uno de los padres, la casa, la escuela, los amigos e inclusive parte de la familia.



Para colmo, hay muchos padres varones irresponsables. "Los mexicanos son muy desobligados. Aproximadamente 60 por ciento no dan la pensión alimenticia. A veces la dan unos meses, y después se olvidan de que tienen hijos", dice Sonia Delgado Gómez, coordinadora técnica de la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia.



Los que viven un juicio de custodia son los más lastimados. En los juzgados se libran prolongadas y dolorosas batallas, en las que nadie sale ganando. Algunos padres exigen en exclusiva la custodia y pretenden que los niños no vuelvan a ver al ex cónyuge. Otros más --por increíble que parezca-- no desean hacerse cargo de ellos. Las criaturas parecen botín de guerra.



La mayoría de los juicios de custodia en México se resuelven a favor de la madre, y el padre convive con los niños mediante un régimen de visitas. Normalmente los ve algunos fines de semana y parte de las vacaciones. Los muchachos van y vienen de una casa a otra. Con frecuencia nunca llegan a considerar suyo el hogar del padre o se sienten incómodos en él. Durante dos años, un niño de seis pasó los fines de semana en la casa paterna, pero como el padre, por la carga de trabajo, le prestaba poca atención, el chico se aburrió y canceló las visitas. "No tenía caso", explica. Una niña de 11 años tampoco quiere ir ya a la casa del papá. Siempre está allí la nueva pareja, y la chica se siente incómoda con los dos.



¿Cuánto tarda en adaptarse un hijo de padres divorciados? Entre otros factores, depende de su edad y de la estabilidad de su vida tras la separación. Souza y Machorro hace notar que, si bien en ocasiones nunca superan el golpe, de ordinario bastan uno o dos años para que acabe de aceptar su nueva realidad.
Hoy en día se percibe un poco más de interés en la sociedad mexicana por atender a las necesidades especiales de los hijos de padres divorciados. No obstante, aún falta mucho por hacer.




Las escuelas, uno de los primeros lugares donde se detectan sus problemas (cuando disminuye su rendimiento o se vuelven agresivos y rebeldes, por ejemplo), acostumbran tener un psicólogo que los orienta y, de necesitarlo, recomienda a los padres llevarlos a psicoterapia. También podrían abrirse en los colegios grupos de autoayuda: hijos de padres divorciados que, bajo la guía de un psicólogo o un terapeuta familiar, se reúnen periódicamente a exponer sus sentimientos y apoyarse unos a otros.



Hay profesionales e instituciones que ofrecen asesoría psicológica y psiquiátrica a los niños. En el Centro Integral de Salud Mental, en la Ciudad de México, la Secretaría de Salud tiene varios grupos de autoayuda. "Escuchando a otros niños que los entienden, identifican poco a poco su problema, lo aceptan y comienzan a recobrar la confianza en sí mismos", afirma Jesús Moreno Rogel, coordinador del área de psicología del centro.



Por lo regular, en los juicios de custodia los jueces dictan sentencia guiándose sólo por los argumentos de los abogados, quienes con frecuencia luchan ferozmente por el bien de sus clientes, sin importarles el niño.



Ahora, en numerosos juzgados se solicita el apoyo imparcial de psicólogos, psiquiatras infantiles y trabajadores sociales. En Chihuahua, por ejemplo, se solicitan a menudo estudios psicológicos y socioeconómicos cuando la pareja no llega a un acuerdo o hay conflictos entre el menor y uno de los padres. "Estos informes son indispensables. Con su ayuda se resuelven muchos casos en beneficio de los menores", explica José Luis Almada Ortiz, juez tercero de lo Familiar en Ciudad Juárez.



Los estragos del divorcio en los niños pueden atenuarse desde el principio si se les dice la verdad con tacto y se les tranquiliza acerca del futuro. "Los hijos llegan a disculpar la separación, pero no la falta de información y la incertidumbre", dice Sáenz Chapa.



Es de vital importancia asegurarles que siempre contarán con el cariño de ambos. El doctor López Uriarte recomienda "dejarles claro que el divorcio es un asunto de papá y mamá, y que ellos no tienen la culpa, ni la obligación de hacer algo para que no se separen o se reconcilien".



El bienestar emocional de los hijos depende en buena medida de la relación que lleven los padres después de la separación. Su recuperación se entorpece si los vuelven mensajeros o espías, si los obligan a escuchar críticas y quejas sobre el otro, o si les prohíben verlo. "A muchos los convierten en rehenes de sus rencores", advierte Hernández Hemken. "Hay madres que llegan hasta el extremo de sacarlos de la casa y hacerlos esperar largo tiempo en la calle al padre, que pasará por ellos para la visita de fin de semana".



El divorcio no es fácil para ningún niño, pero algunos salen bastante bien librados. Desaparecida la tensión matrimonial, recuperan la confianza en sí mismos y se sienten relajados. La mayoría de los expertos aseguran que pueden salir favorecidos con la separación, y que se encuentran mucho mejor apartados de los pleitos conyugales. Durante 12 largos años, dos hijos de un matrimonio vieron a sus padres tratarse a gritos y golpes. Luego del divorcio disminuyó su miedo y su estrés. "Ahora tienen unos padres más sanos y tranquilos, y se llevan bien con ambos", dice Carolina Rodríguez, terapeuta del Instituto Superior de Estudios de la Familia.



Para bien o para mal, el divorcio sigue dividiendo familias a un ritmo preocupante. Por más que padres e hijos luchan por salir adelante, a veces con ayuda profesional, el divorcio y sus consecuencias pueden convertirse en un laberinto de conflictos y confusión que quizá nunca acabe de resolverse.


La regla de oro aquí es que, no obstante haberse separado, las parejas permanezcan unidas como padres. "Deben sacar adelante juntos a los hijos", afirma el padre Ignacio Díaz de León, sacerdote de los Misioneros del Espíritu Santo que coordina un grupo de autoayuda para divorciados.




"El cuarto mandamiento también obliga a honrar a los hijos".



Última actualización: 2006-03-01 14:58:56.483
JR.
Fuente:

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